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miércoles

Preparando la casa para la nueva visita

Llegó el momento de hacerse cargo de lo que vos y él vienen evitando: vaciar la habitación que funcionaba de escritorio, depósito y guardarropa. Hace meses que vienen pensando que van a hacer, miran revistas de decoración, entran en todas las mueblerías para bebés… pero nada. Obvio que no te queda otra que dedicar un domingo a tamaña tarea privando de su asado a tus gordos (porque el peque que llevas adentro ya se acostumbró también). Y desde temprano, mate en mano, te pones a dirigir a tu marido que esta meta sacar y poner cosas en el placard. Ante todo decidiste que no hay forma de que tu bebe comparta el cuarto con Flora (tu computadora) así que moves todo lo relacionado con ella al living. Pero ahí no se acaban los problemas, la aspiradora, los cuadros que nunca colgaste y otros bártulos que están embalados desde que dejaste tu casa de soltera siguen ahí en la misma posición y sin posibilidades de ser reubicados en tus tres ambientes.

Con mucho dolor dejas que el turro de tu marido se lleve todo a la calle mientras pensas en como decorará su casa el cartonero que se saque la lotería de encontrar esas reliquias ochentosas que decoraban tu bulín. Pero no negociaste bajo ningún concepto regalar la ropa, carteras y plataformas que usabas en esas épocas, son un recuerdo de tu ya muy pasada juventud. Así que armas unas cuantas cajas de esas plásticas y las apilas para ponerlas debajo de la cama del futuro bebe (que si es nena, por osmosis podría llegar a sacar el mismo gusto que la madre por la ropa y las carteras… y si es varón, mejor no lo pensemos). Imaginas que por ahora una criatura no puede necesitar mucho placard así que solo le vacías dos estantes y algunos cajoncitos, tirando a la basura todas las porquerías que guarda tu marido (las de él si que son porquerías).

Con la habitación más o menos libre y el living recargado se dirigen chochos a elegir la decoración del cuarto. La cuna fue fácil, decidieron que fuera blanca (por si viene otro bebe mas adelante) pero el problema fue ponerse de acuerdo con la decoración. Los hombres son como chicos y tu marido no es la excepción y se metió en un local a elegir pósters, peluches y demás chucherías del hombre araña. Vos, que sos muy pro, tenías pensado algo mas original, con notas musicales, la rana rené y el principito como parte de la deco del cuarto. No hubo acuerdo, salvo el blanco. Todo blanco, la cuna blanca, las paredes del cuarto blancas y hasta el acolchado que te regalo tu suegra es blanco. Pero sabes que la venganza esta cerca y ni bien agarres a tu marido cansado pondrás en juego toda tu seducción (y lástima) de embarazada para convencerlo de que la decoración del cuarto es responsabilidad tuya!

sábado

A pan duro, diente le enchufo

Si, si, ya se, el refrán dice a pan duro diente agudo… pero en mi caso aunque este duro, entra igual. Y es que por mucho esfuerzo que hice hasta ahora por mantener la bocota cerrada hace un tiempo que no hay forma de que me sienta satisfecha. Todo lo que veo, quiero. Tostadas de pan con manteca y azúcar, mate con la yerba que no da acidez pero si más apetito, así que me bajo unos bizcochitos mientras me preparo para salir de casa. Porque a lo salado necesitas meterle dulce, y a lo dulce salado, hasta llegue a ponerle dulce de leche a la faina una mañana de domingo que no quedaba nada en la heladera. Y así estoy, meta comer. A media tarde el bajón de salado y ahí a entrarle a esos conitos de queso y para bajarlos un agua saborizada baja en calorías (no se porque insisto en tomar algo bajas calorías a esta altura del partido, pero es como que me limpia la conciencia). La cena en casa es interminable, milanesas con puré, postres de chocolate con confites adentro… y antes de ir a dormir manoteo algo para llevar a la mesita de luz. Pero lo que nadie puede creer son los antojos que me agarraron. Llevo en la cartera una bolsita con pepinos pelados, otra con galletitas de chocolate, pastillas de todas formas y colores. Pero el colmo fue la noche que hice salir corriendo a mi marido porque necesitaba comer picles. Si hay un sabor que jamás imagine que necesitaría desesperadamente es el de esas verduras en vinagre y no se que mas, pero aunque no lo crean, desde ese momento ando con un tarro de picles en mi cartera, que ya es más parecida a un mini bar. Antojos, cambio de gustos en el paladar… no se que son, no los entiendo… pero por las dudas les hago caso, no vaya a ser que el nene me nazca con muchas manchitas por no satisfacer un antojo!

Seguinos como ell@s!!!!