No se si fue la insistencia de las enfermeras en que no hay nada ¨hasta que no dilates mas¨, pero lo conseguí mas rápido de lo que imaginé. En el medio de los dolores el gordo jugando con el celular y la camarita, sacándose fotos y lo peor filmándome a mi cada vez que venía una contracción. Fue mágico como una vez que dilaté de golpe todos alrededor corrían preparando el instrumental para recibir a la visita que llegaba para quedarse. Confesión: me entró pánico, no sabía lo que estaba haciendo ni si estaba preparada para lo que venía, mientras lo miraba a mi marido fascinado como un chico con todo lo que estaba pasando.
Cuando el doctor me pidió que pujara me olvide de todo lo que había aprendido, él y mi marido me recordaban las respiraciones pero yo no hacia mas que temblar y pujar como podía. Muy mala alumna, me decía para tratar de relajarme, pero les juro que todo lo que estaba pasando me daba miedo. De repente pude ver que mi marido se había instalado al lado del doctor y estaba viendo todo en platea preferencial y me lo relataba con lujo de detalles para calmarme. Mi bebe que logro asomarse, pero volvió a meterse. Que turro, tan chiquito y ya jugando a las escondidas. Al siguiente pujo salió en serio. Cuando lo sacaron y lo apoyaron en mi vientre no podía tocarlo. Lo conocía de hacia nueve meses pero no entendía como esa cosita tan perfectita, chiquita y morada había salido de mi. Lloraba de emoción y de terror. Ya me había convertido en mamá, pero de repente no tenia idea de que significaba eso. Era como un milagro y mi marido enloquecido, mirándolo, mirándome, besándonos y diciéndoles a todas las enfermeras que era igualito a él.
1 comentario:
Hola MAriel
todavía estoy llorando después de leer el día que nació yu Jere, me mataste de ternura.
Roxana
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