sábado

A pan duro, diente le enchufo

Si, si, ya se, el refrán dice a pan duro diente agudo… pero en mi caso aunque este duro, entra igual. Y es que por mucho esfuerzo que hice hasta ahora por mantener la bocota cerrada hace un tiempo que no hay forma de que me sienta satisfecha. Todo lo que veo, quiero. Tostadas de pan con manteca y azúcar, mate con la yerba que no da acidez pero si más apetito, así que me bajo unos bizcochitos mientras me preparo para salir de casa. Porque a lo salado necesitas meterle dulce, y a lo dulce salado, hasta llegue a ponerle dulce de leche a la faina una mañana de domingo que no quedaba nada en la heladera. Y así estoy, meta comer. A media tarde el bajón de salado y ahí a entrarle a esos conitos de queso y para bajarlos un agua saborizada baja en calorías (no se porque insisto en tomar algo bajas calorías a esta altura del partido, pero es como que me limpia la conciencia). La cena en casa es interminable, milanesas con puré, postres de chocolate con confites adentro… y antes de ir a dormir manoteo algo para llevar a la mesita de luz. Pero lo que nadie puede creer son los antojos que me agarraron. Llevo en la cartera una bolsita con pepinos pelados, otra con galletitas de chocolate, pastillas de todas formas y colores. Pero el colmo fue la noche que hice salir corriendo a mi marido porque necesitaba comer picles. Si hay un sabor que jamás imagine que necesitaría desesperadamente es el de esas verduras en vinagre y no se que mas, pero aunque no lo crean, desde ese momento ando con un tarro de picles en mi cartera, que ya es más parecida a un mini bar. Antojos, cambio de gustos en el paladar… no se que son, no los entiendo… pero por las dudas les hago caso, no vaya a ser que el nene me nazca con muchas manchitas por no satisfacer un antojo!

Seguinos como ell@s!!!!